Contando historias…

Mientras buscaba en Netflix algo de corta duracin para ver justo antes de irme a dormir, me top con esto:

En mi propia vida, siempre estar agradecida por haber encontrado una forma de diversin con mi irracional amor por el bisbol. Que me permite desde el comienzo de los entrenamientos de primavera hasta el final del otoo tener algo para ocupar mi mente y mi corazn aparte de mi trabajo.

Todo empez cuando slo tena seis aos y mi padre me ense ese misterioso arte de memorizar el marcador mientras escuchaba partidos de bisbol. As que cuando l iba a trabajar a Nueva York durante el da yo poda grabar para l la historia del partido de los Brooklyn Dodgers de esa tarde. Cuando tienes slo seis aos y tu padre vuelve a casa cada noche y te escucha — como yo ahora me doy cuenta, con doloroso detalle le contaba todas y cada una de las jugadas de cada entrada del partido que haba tenido lugar esa tarde. Pero l me haca sentir como si estuviera contndole una historia fabulosa. Te hace pensar que hay algo mgico sobre la historia para mantener la atencin de tu padre.

De hecho, estoy convencida de que aprend el arte narrativo de estas sesiones nocturnas con mi padre. Porque, al principio, yo estaba tan excitada que simplemente soltaba “Los Dodgers han ganado!” o “Los Dodgers han perdido!” Lo cual le quitaba bastante emocin a la historia de dos horas. As que finalmente aprend a contar una historia desde el principio hasta el medio hasta el final. Tengo que admitir que, tan ferviente era mi amor por los viejos Brooklyn Dodgers en esta poca, que tuve que confesar en mi primera confesin dos pecados relacionados con el bisbol.

El primero ocurrio porque el catcher de los Dodgers, Roy Campanella, vino a mi ciudad, Rockville Centre, en Long Island, justo cuando yo estaba preparndome para recibir la primera comunin. Y yo estaba tan emocionada — era el primer jugador que iba a ver fuera de Ebbets Field. Pero resulta que l iba a hablar en una iglesia protestante Y cuando has sido criado como un catlico, piensas que si alguna vez pisas una iglesia protestante, caras muerto en el umbral. As que fui a ver a mi padre llorando: “Qu vamos a hacer?” l dijo: “No te preocupes. Va a hablar en un saln parroquial. Nos sentaremos en sillas plegables. Va a hablar de espritu deportivo. No es un pecado.” Pero cuando me fui aquella noche, tena la certeza de que, de alguna manera, haba vendido la vida eterna de mi alma por esa noche con Roy Campanella. (Risas) Y no haba indulgencias que yo poda comprar. As que tena este pecado en mi alma cuando fui a hacer mi primera confesin. Se lo cont al cura inmediatamente. l dijo: “No hay problema. No era un servicio religioso.” Pero entonces, desafortunadamente, pregunt: “Y qu mas, hija?”

Entonces vino mi segundo pecado. Intent ocultarlo dicindolo entre otros: hablar demasiado en la iglesia, desear el mal a otros y portarme mal con mis hermanas. Pero l pregunto: “A quin le deseas el mal?” Y tuve que decir que deseaba que varios jugadores de los New York Yankees se rompieran sus brazos, piernas y tobillos para que los Brooklyn Dodgers pudieran ganar sus primeras World Series. l dijo: “Cmo de a menudo pides estos horribles deseos?” Y tuve que decir que cada noche con mis oraciones. As que l dijo: “Mira, te voy a decir algo. Yo amo a los Brooklyn Dodgers, igual que t, pero te prometo que algn da ganarn de manera justa y clara. No necesitas desearle el mal a otros para que ocurra.” “Oh, s,” dije. Por suerte, mi primera confesin fue … con un cura amante del bisbol!

Bueno, aunque mi padre muri de un ataque al corazn repentino cuando yo tena veinte y algo aos, antes de casarme y de tener mis tres hijos, he transmitido su memoria — as como su amor por el bisbol — a mis nios. Aunque cuando los Dodgers nos abandonaron para venir a Los Angeles, perd la fe en el bisbol hasta que me mud a Boston y me convert en un fan irracional de los Red Soxs. Y debo decir que, incluso ahora, cuando me siento con mis hijos con nuestros abonos de temporada, a veces puedo cerrar mis ojos bajo el sol e imaginarme a m misma, nia otra vez, en la presencia de mi padre, viendo a los jugadores de mi juventud en el campo verde bajo nosotros. Jackie Robinson, Roy Campanella, Pee Wee Reese y Duke Snider.

Tengo que decir que hay magia en estos momentos. Cuando abro los ojos y veo a mis hijos en el lugar donde una vez mi padre se sent, siento un amor y una lealtad invisibles conectando a mis hijos con el abuelo cuya cara nunca tuvieron la oportunidad de ver, pero cuyo corazn y alma han llegado a conocer a travs de todas las historias que yo les he contado. Y sta es la razn por la que, al final, siempre estar agradecida por este curioso amor por la historia, que me permite dedicar una vida mirando atrs al pasado. Permitindome aprender de todas estas grandes figuras sobre la lucha por conocer el sentido de la vida. Permitindome creer que las personas particulares que hemos amado y perdido en nuestras familias pueden realmente seguir vivas, siempre que nos comprometamos a contar y recontar las historias de sus vidas.

*sigh* y me hizo llorar…

Si tienen 20 minutos de su tiempo, pueden ver el vdeo de la platica completa con subtitulos en espaol por ac: TED Talks: “Lessons from past presidents” por Doris Kearns Goodwin.

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